junto con la ultima adquisicion de aquella tarde. Huyendo de mi amor, cuando nuestras figuras se abrazaron en el fondo del estanque, mi hermano vino a refugiarse en este fortin y durante el trayecto hallo este hueso que le faltaba en la coleccion.
– Esto es una quijada de asno, Cain.
– ?De veras?
– Te lo juro. La conozco bien -me dijo.
Ambos iniciamos un juego. El no queria soltarla y yo, tirando de aquella mandibula pelada, atraje el cuerpo de Abel hacia el mio, lo rodee con un brazo y mientras se dejaba acariciar le dije al oido las palabras mas dulces que me inspiro el deseo, y el crepusculo nos doraba y nos hacia estremecer, y en medio de aquel silencio donde sonaban chasquidos de labios el nino de ojos azules extrajo de mis entranas una humeda flor dejara. De pronto supe que la existencia tenia sentido: en adelante todo mi ejercicio iba a consistir en complacer a ese zagal de caoba. El mundo cada dia volveria a crearse a partir de una de aquellas sonrisas que iluminaba mi existencia. Despues de entretener el amor con mi hermano improvise una lenta melodia con una cana, y aun hoy mismo aquel motivo musical constituye mi mayor exito con el saxofon. Yo tania la alegre zampona y Abel, con dedos de rosa, sobaba la quijada de asno y miraba hacia el infinito. Hinchada la carne levemente por el placer todo era amable en el desierto. Debajo de cada piedra habia un alacran, la tierra fulminada estaba llena de serpientes venenosas, pero el licor espeso que corria por mis venas forzaba a olvidar las cosas y solo exaltaba la obligacion de entregarse a otra carne adorada.
– Regalame la quijada de asno.
– Tomala -dijo Abel.
– Con ella quiero hacer una obra maestra.
– Dime que.
– Un talisman para ti.
– ?Me dara suerte?
– Prometeme que lo llevaras siempre.
– Lo hare.
Con el punal comence a esculpir en la quijada de asno un amuleto en forma de falo, lo traspase con una fibra de cactus, lo deje colgado del cuello de Abel aquella tarde y desde entonces se balanceo entre sus tetillas de nacar durante muchos anos, y a veces el sol lo hacia brillar contra su pecho desnudo. Fue la primera jornada de pasion que obtuve de mi hermano. Hubo un tiempo en que ambos corriamos a refugiar nuestro amor en aquel torreon cuando la luz declinaba. Abel habia pasado el dia pastoreando el ganado y yo, en esa epoca, apenas cuidaba ya la huerta. Me dedicaba de lleno a las artes. Contemplaba la naturaleza, escuchaba el canto de las aves y luego, me servia del punal o de la flauta e interpretaba las formas y los sonidos, pero al atardecer huia de todo y para mi no habia escultura como el cuerpo tembloroso de Abel ni musica como sus dulces gemidos cuando estaba con la cabeza reclinada en mi hombro y con su mano en mi vientre, en el interior del secreto torreon donde guardaba huesos de animales y residuos de hierros y correajes corrompidos. En una pared, Abel habia colgado la mejor pieza de su coleccion. La calavera de hombre o de mono reia de manera imperturbable con una carcajada a la que le faltaban siete dientes. Mi hermano se sorprendio mucho cuando saque aquellas siete piezas de oro que siempre llevaba conmigo y las fui engarzando con toda exactitud en los alveolos del maxilar. La calavera tomo una expresion de lujo. La muerte comenzo a echar destellos del metal mas preciado.
Durante la manana, en el suelo de mi habitacion del hotel, la radio pronuncio otra vez mi nombre. Lo oi en las entretelas del sueno y tambien me parecio ver en la pantalla de la television sin voz una imagen fija de mi rostro en medio de dos anuncios de flanes. Abel, el bailarin, figura de Broadway, rey absoluto de los maricones de Nueva York, ha sido asesinado. Senora ama de casa, ?le gustaria ganar diez mil dolares con solo abrir un paquete? Compre estas mazorcas de maiz hibrido y el mundo sera suyo. En efecto, el cadaver del divo de la danza fue levantado por los guardias cuando palpitaba todavia en el anden de la estacion del suburbano. El asesino ha huido en el mismo vagon del que se apeo para ejecutar el crimen en una accion fugaz, luminosa. Se llama Cain. Elegir un buen tabaco es importante para disfrutar. Royal Crown. Bajo en nicotina y alquitran, con todo el sabor autenticamente ingles. Y ahora escuchen la vieja melodia… En la fetida penumbra que envolvia mi cerebro sono una melodia de entreguerras, aquellos plateados instrumentos de Glenn Miller que luego ilustraron tantas bombas, ahora sincopados sus trombones por lejanas sirenas de policia, por los movimientos de la pantalla del televisor, donde se sucedian concursos, sopas preparadas, coches del ano, heroes del beisbol, reclamos de abuelitas sonrientes, avances de espectaculos de salas de fiesta para la noche del sabado, bebes supervitaminizados que iban a gastas dentro de un especial modelo de pijama resistente a la corrosion de la orina infantil, barricadas de vitaminas y compresas, politicos con peluquin… Los largos, evanescentes instrumentos de Glenn Miller y, de repente: ?la imagen fija de mi rostro! Tal vez el locutor hablaba en la espalda de la foto, pero yo no oia nada. En seguida salia tambien en pantalla el retrato de mi querido y asesinado hermano. Sin duda era el. Aun conservaba aquellos envenenados ojos que tanto placer me proporcionaron. ?Recuerdas, Abel, aquel dia en que vimos pasar por el horizonte del desierto una formacion de hombres azules que conducian una caravana de camellos cargados? ?O era de elefantes blancos? Eva habia contado tantas veces esta aparicion sin fruto alguno que tu ya no la creias. Sucedio cuando el sol doblaba y el calor de una jornada cruel habia evaporado en el fondo de la mirada un polvo de arena finisima que era la propia luz del alma. Eva estaba confeccionando un collar con huesos de datiles y, alertada por un grunido especial de la mona, tuvo un presentimiento, se puso en pie y fijo los ojos en el punto exacto del espacio. Comenzo a gritar.
– ?Estan pasando! ?Estan pasando! ?Mirad!
– Es cierto. Van por alli.
– ?Son ellos! ?Son ellos!
– ?Eh! ?Eh!
– Grita mas, Cain.
– No me oyen.
– Grita mucho mas.
– ?Eh! ?Eh, reyes del desierto!
– Tal vez te oyen en el interior de sus entranas.
– Venid.
Pero la distancia que nos separaba de aquella majestuosa caravana parecia inalcanzable no solo para la voz sino tambien para el deseo. La formacion iba lenta, casi fluctuante en el vaho de polvo de oro, y se componia de doce camellos o elefantes, blancos o escarlata, cubiertos de gualdrapas que espejeaban de bordados. Eva tenia la imaginacion caliente. Creia que aquella lumbre que echaban se debia a cargamentos de piedras preciosas transportados a viva luz. En el talud que circundaba el oasis, Eva nos recogio a Abel y a mi contra su cadera y nos prometio con una mirada perdida:
– Un dia no lejano dejareis el desierto y siguiendo el mismo camino del sol una de esas caravanas de hombres azules os llevara al oeste. Alli, en la orilla de un mar, crecen ciudades con murallas donde bulle el comercio del lino y de la madera de cedro perfumado, que en naves pintadas de rojo el viento amable conduce a lejanos puertos. Hablareis nuevas lenguas y algunas palabras identicas tendran distintos significados que os obligaran a sacar el cuchillo. Tu, Cain, haras sonar la flauta para alegrar festines de principes que son mercaderes. Y tu, Abel, danzaras al pie de las gradas de otros altares que han sido levantados a dioses dispares e igualmente crueles. Yo me quedare en el desierto. Algun dia, la memoria que os reste de mi en vuestra mente sera confundida por una honda vision de arena.
De repente, el telefono comenzo a sonar esta manana y todos los amigos e incluso algun desconocido no cesaron de repetir la misma cosa.
– Acabo de verte en television.
– Si, si.
– Han dicho algo terrible de ti.
– No se. ?Que han dicho?
– Enhorabuena de todas formas.
– Gracias.
– ?Es cierto que lo has matado?
