– Muevete.
Esto era en aquella ocasion el eden: caminar a la luz de la luna sin esperanza y sentirse feliz al comprobar que el cuerpo formaba parte de la arena. Pero el coyote y la mona andaban obsesionados en busca de algo impreciso. Al final de un tiempo que no acierto a calibrar, ambos animales se detuvieron en un lugar donde no habia nada extraordinario. Solo formas, volumenes, sombras. Tal vez era el centro geografico del paraiso, un punto crucial de cualquier sensacion. Oh, querida Helen, deja de castigar mi carne y escuchame. Ya se que te vuelvo loca, pero sujeta un poco el tigre de tu sexo y escuchame. El coyote y la mona, bajo la luna llena, comenzaron a gritar, a aullar. ?Cual de los dos animales era Dios?
– Helen, ?me escuchas?
– Si.
– ?Cual de los dos animales seria Dios?
– Aquel cuyo aullido resonara con mayor intensidad en tus entranas.
– El coyote era el Dios unico y verdadero.
– ?Como llegaste a conocer eso?
– Porque su aullido me hizo sentir inmortal.
– Oh, la inmortalidad. Ya ha salido Cain con la misma cancion de siempre. ?Que maldita cosa es eso de la inmortalidad?
– Las ventosas de tu vagina. Estar atrapado por ellas y no perecer nunca.
Aquella noche no descubri nada, pero de pronto comenzo a amanecer como lo esta haciendo ahora sobre Manhattan. Una levisima perla vibrada encima de la muralla del paraiso y sus sillares lentamente se fueron convirtiendo en oro viejo y la livida claridad que llegaba de oriente con tonos rosas y violetas se instalo en esa parte del cielo y caia ya en el circulo magico del eden cuyo interior no estaba compuesto sino de arena. Un reflejo de purpura hinchaba un lado de las dunas. ?Donde se encontraban las hormigas gigantes que extraian esmeraldas del fondo de la tierra? ?Donde se extendian las plantaciones de arboles que albergaban en sus oscuras copas un estruendo de monos y papagayos? Tambien en este instante una mano de niebla se habia instalado ya en la ventana de la habitacion y el ruido del trafico se hacia solido en la calle. Por el asfalto pasaban sonando los primeros furgones que recogian la cosecha de cadaveres que habia dejado la noche. Las sirenas de la policia se hallaban otra vez en el aire. Entre las fatigadas sabanas, Helen se habia quedado dormida mientras yo hacia todo lo posible por salir del paraiso fumando un camel. Habia llegado la hora de cumplir cada uno con su obligacion: Helen tenia que ir a echar huevos fritos con jamon, avena y tarta de nata con sirope a oficinistas mananeros de parpados hinchados y yo debia regresar al campamento, donde mi ausencia tal vez no habia pasado inadvertida. Helen se desperto y se fue zureando hacia el cuarto de bano y en seguida inicio un cantico bajo la ducha. Luego se ajusto el vestido de saten a sus nalgas de almendra, se pinto su bocaza de rojo fosforescente, se adorno con inmensas gafas verdes periquito, se puso el sombrero de plumas amarillas y se largo. Yo me quede un tiempo todavia en el interior del paraiso fumando media cajetilla de tabaco. Bajo la luna llena no habia vislumbrado sino volumenes de leche. Disuelto ahora en la primera luz de la madrugada, los senos de las dunas se repetian como la ondulacion de una memoria sin contenido. El eden no era mas que un conjunto de formas abstractas o cerebrales, una pasta de parafina en la noche, un haz de reflejos durante el dia. Abandone aquel circulo magico atravesando el muro por dentro del cero y la mona me miro con ternura y yo la acaricie. Parecia decepcionada. Sin duda, ella habia conocido tambien mejores tiempos cuando sobre aquel lugar aun no habia caido la maldicion. Eso trataba de decirme con los ojos. En cambio, en las pupilas del coyote insomne brillaba el fuego del sol que ya habia salido por encima de la muralla y no estaba conmovido por mi despecho. A la hora de partir supe que el paraiso solo era un alto en el camino. Detras del celofan de la cajetilla de tabaco fluctuaba un camello. El sexo de Helen estaba abrasado.
Mientras los criados levantaban el campamento y preparaban una nueva jornada de ruta, el principe negro me tomo consigo aparte, me llevo hacia un lienzo del muro donde se hallaba escrito el jeroglifico principal, puso el dedo en el primer pictograma y antes de traducir el significado me pregunto:
– ?Tienes algun interes en conocer esta pequena e inutil historia?
– No deseo otra cosa, alteza.
– Aqui dice: en la epoca de los reptiles alados hubo un mono devorador de manzanas que comenzo a jugar con un palo y se sintio inmortal. Confundio el pensamiento con el dolor de cabeza y…
– ?Que mas?
– Aqui se interrumpe el relato.
– Hay otros signos e inscripciones. ?Que significan?
– Nadie lo sabe. Se deben a otra mano. Parecen invocaciones, blasfemias y frases sin sentido. Maldito Jehova, coleccionista de prepucios.
El rabo de la mona es la esencia. Todos los testigos han muerto. Esto es lo que esta escrito. Cada peregrino o traficante ha dejado una huella en la muralla. Tambien tu puedes hacerlo.
– Tal vez lo hare algun dia.
– ?Que te gustaria grabar?
– Lo que he visto esta noche: sexo estrellado, memoria de arena.
– Te ayudare a hacerlo con la punta del cuchillo.
Algunos meses tardo la caravana en llegar a su destino y durante ese tiempo uno de los alfaquines del sequito me enseno a extraer el veneno de las serpientes y tarantulas para fabricar pocimas de la salud y hechizos para el corazon de las mujeres. Tambien un algebrista me hizo conocer la influencia de los astros en la mente de los hombres y la forma de guiarme a traves de las constelaciones en el laberinto del desierto. Mientras tanto, Abel practicaba la danza con las bailarinas a la caida del sol. Vivia con ellas en la jaima del gineceo y tres eunucos le servian. Mi hermano era tan dulce y hermoso que el principe le queria capado. ?Que cotizacion hubiera alcanzado aquel mancebo de color caoba y de ojos azules en una subasta de esclavos en la ciudad de Biblos? Gracias a mis buenos oficios no llego a realizarse la ceremonia de la castracion, pero ese mismo dia comence a sospechar cual seria nuestro final. A esas alturas del trayecto ya sabia que la caravana no solo se dedicaba a ejercer el comercio de especias, piedras preciosas, semillas y metales por el arco de la Media Luna Fertil. Hacia igualmente compraventa de esclavos e intercambio de artistas, quiromantes y adivinos en ciertas encrucijadas del viaje. Aunque el principe Elfi fingia no creer que yo me llamaba Cain y que era hijo primogenito de Adan y Eva, celebre pareja fabricada directamente con barro de primera mano por Dios, nos trataba tanto a mi como a Abel con una especial deferencia que sin duda no obedecia a la admiracion por nuestras artes de musica y danza ni al amor por nuestra belleza, sino a un interes lucrativo. Tal vez, el principe queria especular con nosotros, puesto que nos habiamos convertido en una expectativa de riqueza. Si se confirmaba mi autentica filiacion, el principe mercader seria considerado el primer cazador del desierto y en la metropoli de los grandes rios y en las ciudades del mar se oiria su nombre pronunciado con envidia, lo mismo que sus productos. Todos se harian lenguas de sus tesoros, pero nadie hablaria de sus camellos multiplicados, del oro traido de Hevilat, de sus cargamentos de bedelio en tierra de los hititas, de las pieles de pantera negra o de los secretos aprendidos de los astrologos de Ninive, sino de la captura que habia hecho de Cain y Abel, nietos de Jehova, en medio de la arena infinita. De ser cierta la noticia, muy pronto correrian los rumores y se levantaria la codicia en los centros del comercio. Varias expediciones saldrian de inmediato hacia el punto del desierto donde quedo Eva y tambien ella seria conducida a Biblos como la pieza mas codiciada. A los tres el azar nos tenia probablemente reservado un buen trabajo: ser primero exhibidos en una carpa de feria y despues rematados y adquiridos en subasta por distintos coleccionistas caprichosos que nos llevarian a tierras dispares enjaulas de canamo para servir de atraccion en dias senalados.
Siempre en direccion hacia el oeste, por el firmamento no dejaban de pasar aquellos pajaros de acero que producian un sonido terrorifico y penetraban el aire de forma invisible con una estela de humo extasiada. Debajo de ellos, sobre la arena avanzaba lentamente la caravana, y la abria el principe vestido de escarlata cabalgando en el camello mas elastico y luego seguian dragomanes, intermediarios, guardias de la escolta, criados, esclavos, sanadores, adivinos, eunucos y bayaderas. Todos lucian telas vivas de color y turbantes azules con una estrella de plata de siete puntas que era la marca de esa casa de comercio. Las mujeres de la comitiva, ya fueran danzantes o cocineras, iban ataviadas con sedas brocadas y el polvo que levantaban los pies de aquella expedicion lo envolvia todo en una nube dorada. A veces teniamos que salvar unas alambradas, saltar varias trincheras, atravesar una llanura sembrada de cruces. El principe nunca hacia comentarios acerca de
