inspiracion se me fue calentando la carne de los labios, y las sinuosas alteraciones de la melodia pronto se convirtieron en un incierto oleaje que me golpeaba el cuerpo como a la amura de una embarcacion, pero la presencia del publico me obligaba a permanecer consciente todavia. Oia tintineos de hielo en los vidrios, bisbiseo de palabras cada vez mas apagadas, y tambien me escuchaba yo por dentro e incluso veia el mar azul que se mecia y mi corazon que flotaba en el a merced de la soledad. Despues interprete Shine on Harvest Moon. Al iniciar esta segunda pieza sonaron grititos de placer entre los amigos y en seguida mi memoria se puso a navegar durante la travesia de toda la balada. Todo fluia. Yo estaba sentado en cubierta, a la sombra de la vela cuadra que cernia una luz violeta, y el arcangel, o gorila, cuyo nombre era Gabriel o Varuk, adujaba diversos cabos con las piernas colgadas por la borda. La embarcacion del rey Shivoe, enamorado de Abel, iba de empopada rumbo a Jaffa sin perder de vista la costa, que a babor nos ofrecia una silueta muy mineral. Habiamos zarpado del puerto de Biblos a buen son de mar, con la bodega del navio bien arranchada de esclavos, anforas vinarias y especias orientales, ademas de perfumes, muestras de trabajos sobre papiro y disenos de joyeria. Formaban la tripulacion diez marineros fenicios procedentes de Tiro y, aparte, el reyezuelo contaba con la guardia personal, compuesta por un numero no determinado de servidores que obedecian las ordenes de aquella especie de punto medio entre un antropoide y una criatura celestial. Siete dias de navegada nos separaban de nuestro destino, y durante la primera manana todo discurrio sobre aguas de dulzura que la aurora habia tenido de purpura y no hubo ningun percance. Albatros de lentas alas volaban por encima del palo mayor y Varuk guardaba silencio. Tampoco el grumete nubio subido a la cofa avistaba nada en el horizonte y yo me retorcia la memoria tratando de recordar donde habia vislumbrado aquel ser peludo y hermetico que me miraba a veces con unos ojos llenos de fuego y de ironia. En el castillo de popa iba recostado en almohadones el gordito Shivoe, desnudo, degustando con lasciva lentitud granos de uva rosada, y suavemente abatido bajo sus caricias se extendia el cuerpo de Abel. Los dedos redondos y anillados del rey llegaban hasta su carne de caoba.

Al mediodia se levanto un poco de mar y el viento rolo hacia el suroeste y hubo que disponer las velas para corregir la deriva que nos alejaba demasiado del litoral. Se vislumbraba una sucesion de montanas azules, casi transparentes, en las que el sol vertical rebotaba y sacaba cuchillos de luz. Detras de aquella barra mineral estaba el desierto donde naci y me crie, y ahora ninguna sensacion derivada del agua me hacia recordar los dias perdidos de la infancia. Ni el olor marino o de brea, ni el chasquido de las olas en el casco, ni el estertor de la crujia, ni la tension de la brisa que vibraba en el gratil de las velas me podia llevar al pasado. Eran experiencias sensitivas que acudian de un modo virginal a mis entranas. Pero en cubierta iba enrolado un ser muy especial y este, sin duda pertenecia a la mitologia de mi alma aunque en ese momento no lograba descifrarlo. Fue al atardecer de la primera jornada de navegacion cuando la mar cayo de repente y tambien las telas comenzaron a flamear puesto que habia cesado la ultima ventolina. Se produjo una larga encalmada y entonces, siendo casi de noche, la tripulacion encendio las anforetas luminarias, y en la bodega los esclavos se agarraron a los gaones y cantando una especie de salmodia ritmica se pusieron a remar al compas que les marcaba un latigo de cuero de elefante. Al amparo de las constelaciones, la oscuridad era calida y la luna menguante brillaba en el este. Sonaban las palas de los remos en el agua y la cantinela de los esclavos salia de la bodega por las fogonaduras como un rumor espeso y su cadencia parecia levitica. Asi cantaba mi padre los salmos cuando era esclavo de Dios. Ahora, yo tenia apoyada la nuca, donde me habita la culpa, en la carlinga del palo mayor y de esta forma contemplaba las estrellas del Mediterraneo y trataba de interpretar su armonia segun las ensenanzas que recibi de un dragoman del principe Elfi. La mona se me habia dormido en las rodillas. Yo esperaba ver un ascua cruzar el firmamento en direccion al abismo y reconocer en ella a Luzbel, a Belcebu, a Satan, y mientras los demonios no acudian a la llamada del deseo pensaba en el cuerpo de Abel. La idea de perderlo, de recobrarlo, de conseguir sus favores y de sentirme de nuevo olvidado era un juego cruel que me llenaba de ansia. La embarcacion del rey Shivoe navegaba dulcemente en la noche y las anforetas luminarias trincadas en la mesana, en la cofa y en diversos puntos de la regala llameaban o realizaban un sortilegio de sombras o fantasmas en los distintos volumenes o figuras de cubierta. Fue entonces cuando el me miro. Reconoci sus corneas de fuego y cierto ademan de orgullo en aquel arcangel o gorila. Cruzo conmigo sus ojos de forma intensa y sonrio. Tambien tenia dientes de oro. Hablaba con una garganta muy primitiva, pero su voz no tenia apelacion. Le pregunte:

– ?Quien te ha regalado esos dientes de oro?

– Jehova -contesto-. En el dia de mi santo.

– ?Eras uno de ellos?

– Si.

– ?Un guardaespaldas?

– El primero de la corte celestial.

– ?Le dejaste?

– Me echo.

– ?Por que?

– Yo nunca sonreia. Dios era omnipotente, pero no tenia gracia.

– ?Sabrias pronunciar mi nombre?

– Cain. Puedo decirte una cosa. Jehova a ti te queria.

– ?Mas que a Abel?

– Mas.

– A mi me ponia su bota de antilope en la cerviz. Me forzaba la nariz en el polvo y me obligaba a cantar salmos.

– No importa. Solo lo hacia por divertirse. Todavia sigue siendo un nino caprichoso.

– ?Donde compraste ese punal?

– A orillas del Mar Muerto. En Jerico. Lleva tu marca. Lo se. Esta muy acreditada.

– ?Me ayudaras si un dia te pido algo?

– ?Sabes? Antes yo podia volar. Cruzaba el espacio infinito a una velocidad endiablada. Cuando Jehova me expulso de su reino me corto las alas y ademas me castro. Ya ves.

– ?Fue una venganza solo por no reir?

– Por no reir sus gracias Dios me sometio a la ley de la gravedad. De modo que todo lo que deba hacer por ti habra de ser realizado en la superficie de la tierra. Te he estado observando desde el primer dia. Tienes celos de Abel.

– Me estoy quemando de amor.

A la altura de las paletillas, en la espalda, al arcangel se le veian unos costurones que afloraban bajo el pelo y tambien en el entresijo de las piernas lucia la cicatriz morada de la capadura divina. Cierta tristeza pensativa le nublaba el semblante al guardaespaldas, y observando el ritmo de las constelaciones en la noche, sin que yo le forzara, el gorila comenzo a hablarme de aquel Dios antiguo mientras la embarcacion se deslizaba sobre el mar en calma y nuestros rostros llameaban junto al anima encendida que flotaba en el aceite de las anforetas. Todos los males de Jehova se debian a su omnipotencia, es decir, a su inmensa soledad. No se puede crear el universo y luego no saber que hacer con el. O tratar de dar sentido a una obra gigantesca mediante juegos o enfados de nino. Aquel Dios estaba lleno de tedio. A veces entraba en una compulsion peligrosa y entonces el aburrimiento le hacia reventar en bostezos que formaban huracanes sobre la tierra. Perdido entre las esferas, solo en medio de un silencio de piedra pomez, Dios no se ocupaba sino de alimentar la hoguera de la propia voluntad que era insaciable y se devoraba a si misma. Esto me contaba el jefe de la escolta del rey Shivoe, el enamorado de Abel.

– Jehova planeaba como un alcotan por el azul del desierto y una bandada de angeles a su servicio ibamos desplegados en escuadra en torno a el para darle honra, ya que proteccion no necesitaba. Desde el vertice del firmamento, como el alcotan atisba los minimos movimientos de una rata en el fondo del valle, Jehova te veia caminar con tus padres por las dunas con la lengua pegada al paladar bajo un sol terrible en busca de un oasis. Y se reia.

– ?Se reia?

– No solo eso. Echaba grandes carcajadas que resonaban en el vacio y dirigia tu cerebro hacia la ofuscacion. Le gustaba la parte mas hermetica del laberinto.

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