– Tal vez creo la vida para que fuera un enigma. ?Existe todavia?

– ?Quien?

– Jehova, aquel fabricante de charadas.

– Existe en verdad. Pero Dios ya solo es nuestra ignorancia. O nuestro miedo. El enigma es un precio que hay que pagar.

– Algun dia, querido Varuk, voy a necesitar de tus servicios.

– Recuerda. Siempre a ras de tierra. Y con tu punal. Debo decirte una cosa, Cain. Desde que eras un nino en el desierto te adoraba en secreto.

Todos los instrumentos sonaban a la perfeccion y el recinto del Club de Jazz, que tenia una atmosfera de terciopelo, absorbia cada melodia que yo creaba imaginativamente. Que bien estaba Oscar Peterson con el piano. Como acariciaba el contrabajo Ray Brown. Yo hacia reinar el metal con la lengua de fuego y casi podia llegar al extasis al ondular el saxo en el vientre del publico. En mi cerebro, el gorila habia callado, pero una ligera brisa se habia levantado y en la oscuridad de la mar sentia las velas batir levemente los masteleros y las gavias y el coro de esclavos aun cantaba con ritmo sincopado una especie de salmo en la bodega y su rumor salia por los escotillones y fogonaduras de cubierta y ahora con el saxo no hacia sino seguir ese cantico de los remeros y al mismo tiempo roido por los celos imaginaba el dulce cuerpo de mi hermano Abel enroscado como un felino de ojos azules alrededor de los pies descalzos del reyezuelo, en el castillo de popa, bajo la Casiopea y me consumia de amor. Realmente llevaba una brasa en las sienes que palpitaba en forma de pensamiento maligno. La travesia cayo en un breve sueno y al final de ese sueno se inicio la aurora. En la mar oscura fueronse posando las primeras capas de leche con vetas ligeramente malvas o grises y entonces, por el oriente, detras de las montanas donde naci, comenzo a irradiar en el firmamento un petalo de rosa que crecia en intensidad y el sol tierno derramo en seguida sobre las aguas quietas su luz como una corriente de vino. Toda la mar se tino de purpura y hendiendola con la quilla navegaba el bajel de Shivoe nimbo a Jaffa. Eran los tiempos del Genesis y la brisa, aquella manana, se levanto de tierra por babor y durante unas horas, mientras el calor se afirmaba, permanecio constante, pero hacia el mediodia rolo al suroeste hasta convertirse en un viento racheado que engendro oleaje y penalidades en la tripulacion. A media tarde volvio a encalmar, y el resto de la navegacion transcurrio suavemente en la segunda jornada. Por el horizonte pasaban lentos galeones, cadenciosos trirremes, urcas o filibotes de vez en cuando, gobernados por reyes o principes mercaderes que hacian trasiego entre Creta, Rodas, Chipre, Egipto, Biblos y Argos. Transportaban aceite y mosto, troncos de cedro, especias, metales preciosos y figuras de distintas divinidades cocidas en barro especial, diosas de la fertilidad de sexo inflamado y esculturas de heroes que levantaban el mundo con un falo atroz. Cada una de estas embarcaciones llevaba colores distintivos en el velamen y a gran distancia se hacian contrasenas entre ellas con espejos y se reconocian y dialogaban en epocas de paz mediante un codigo establecido. A la caida de esa tarde avistamos por estribor una galera con grimpola azul en lo alto del palo mayor. Con un heliografo nos dio los tres avisos de rigor y a continuacion quiso comunicarnos un mensaje. Por diversas preguntas que nuestro patron, el rey Shivoe, formulo, se supo que aquella nave venia de Alejandria, donde habia cargado papiros y seda; en el puerto de Heraklion se habia aprovisionado de una estatua de Zeus y de varias cepas de una clase privilegiada de vid y ahora iba en direccion a Biblos y luego pondria la proa hacia Delos y otras islas Cicladas. El propietario y piloto era un comerciante nubio que en su juventud se habia deslizado por el Nilo hasta el mar. Despues de responder a estas cuestiones triviales de identidad, debidas a simple cortesia, aquel navegante nos mando un heliograma muy enigmatico, que desperto en nosotros cierta alarma. En el nos decia que el dia anterior su tripulacion habia visto un banco de monstruos marinos de tamano descomunal. En apariencia tenian forma de navios gigantes. Unos parecian fortalezas o castillos flotantes y otros adoptaban una cubierta plana donde subian y bajaban deslumbrantes pajaros de acero a suma velocidad, envueltos en un trueno que reventaba los timpanos. No se trataba de un fenomeno extrano. La presencia de estos titanes formaba parte del acervo de leyendas de la mar y muchos eran los marineros, no exactamente ebrios ni fantasiosos, que habian vislumbrado en la calima o en medio de la niebla semejantes fantasmas. Al final de cada crucero, en los puertos de ese lado del Mediterraneo, se contaban historias acerca de estos monstruos superacuaticos y yo mismo habia escuchado relatos de tal cariz en las tabernas y prostibulos de Biblos. Tambien durante la travesia del desierto habia vislumbrado contra el sol aquellas flechas de plata que atravesaban el brunido azul del Genesis. Eran maquinas de guerra, segun se decia. Escupian fuego por los costados, derramaban hierros candentes en cuatro direcciones y creaban hongos de humo en el espacio, enormes calabazas pestilentes en cuyo interior se multiplicaban unas moscas atomicas que roian la medula de los seres humanos y animales de sangre, aunque respetaban cualquier elemento del reino vegetal. Esa era la voz comun en los burdeles. Antiguamente, yo habia vivido en la soledad de la arena con Adan el lloron, con Eva la mamifera, con el dulce Abel y con Jehova, que me retaba a echar pulsos y excitaba mi individualismo contra la naturaleza. Cuando llegue al primer punto de la costa a bordo de una camella del principe negro muy pronto me sorprendio e incluso me fascino el grado de excitacion en que la gente se movia. Los placeres mas bajos estaban al alcance de la mano, hombres y mujeres se precipitaban en ellos con voluptuosidad desordenada porque todos creian que el mundo se iba a acabar. Sin duda, esta idea terminal florecia gracias a aquellos gigantes que sembraban el terror sobre las aguas y en los lugares estrategicos de la costa, pero en los garitos de las ciudades siempre habia muchos borrachos que los desafiaban con bravatas, solo de palabra, y se burlaban de su poder como hacen algunos heroes blasfemos con los dioses. Presenti que la proximidad de la muerte solia despertar en las personas el furor de la carne y que los mortales abrian el corazon desordenadamente si estaban al borde de un acantilado.

Tal vez fue en el cuarto dia de navegacion cuando avistamos por la amura de estribor una de aquellas formidables escuadras en el horizonte. Cruzaba lenta y gris. Llevaba cada navio en la roda un monte de espuma y la estela que dejaba zarandeo con un gran oleaje nuestro bajel mucho tiempo despues de haber desaparecido. Pero ahora estaban presentes aquellos castillos flotantes cuyas sirenas sonaban con una profundidad oscura. Le pregunte a Varuk, el arcangel peludo.

– ?Hacia donde navegan, dime, tu que lo sabes todo?

– No van a ninguna parte. Los lleva la deriva de la historia.

– ?Cual es su destino interior, entonces?

– Dar vueltas al laberinto sin parar nunca. Solo estan ahi para ser temidos y admirados. ?Que hace en este momento nuestro gordito y amado rey Shivoe? ?Lo distingues desde aqui?

– Esta contemplando, como nosotros, el paso de la escuadra de guerra recostado en el castillo de popa y mientras tanto acaricia el cuello de Abel.

– Aunque trate de sonreir y guste de los sentidos su alma no despide mas que panico.

– Abel pone los ojos en blanco.

– No importa. Los gigantes de la guerra han conseguido su proposito -dijo Varuk-. Nuestro pequeno rey desembarcara en Jaffa y no podra sacudirse el terror hasta llegar a Jerico, donde gobierna un poderoso oasis. La marineria se desparramara por los burdeles del primer puerto y alli todos contaran la fastuosa vision que han tenido y el miedo se hara liquido en las piernas de los oyentes y su imaginacion acrecentara el volumen de los titanes y la falta de esperanza hara invencible su poder. Los navegantes abrazados a las rameras entonaran canticos para reclamar el perdon y de boca en boca se extendera el rumor de un peligro definitivo e inminente y este hara que se desborde la sensualidad y la fantasia. La escuadra ya se ha esfumado por barlovento. No existe, querido Cain. Solo habita en tu cerebro. ?Esto no te recuerda nada?

– Me recuerda las apariciones que el inclito Jehova realizaba en el desierto - respondi, y Varuk sonrio con cierta malicia. Sobre la arena o sobre el agua, ambas infinitas, el juego del poder es el mismo. Forma una apariencia. Su fuerza nunca seria real sin nuestra debilidad.

Enrolado en el sequito como flautista del rey Shivoe navegue a bordo de un bajel por el fondo de saco del Mediterraneo, donde habia augurios de guerra, y despues de varios dias de crucero los torreones cuadrangulares de la ciudad de Jaffa, cuyos sillares tenian el color de la corteza de pan, comenzaron a romper la monotonia de la costa y ante mis ojos fascinados brillaron aquellas almenas que vertian destellos de oro en el azul del mar. Hubo que sortear algunos bajos hasta llegar a puerto, y al alcanzar la bocana descubri sobre el dique una formacion de heraldos con trompetas que estaban alli alineados para recibirnos, y tambien habia otros pajes que enarbolaban pendones y gallardetes. En el malecon nos esperaban reatas de camellos y pollinos junto a los gerifaltes del lugar, adornados con recamadas vestiduras. La nave sin viento fue entrando a compas de los

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