Maleza, que estaba de jefe sumo cuando la visita de las suripantas, tuvo sus titubeos en cuanto a si las daba soleta o no. Y opto por el no, a ver si daban mensaje o al menos animaban prudentemente la tiesura del desfile y chachara a poca voz. Que nunca viene mal una risotada en velatorio sin fin. Mas bien da respiro y recuerda que la vida sigue mas alla de plantos y ciriales.

En justicia, hay que decir que las cuatro 'pililis' estuvieron muy ordenadas y circunspectas en el momento del examen y aun al remate se santiguaron e hicieron genuflexion al primer encuentro, miraron con ojos tristes el cuerpo despues, y la Pepa Julepe hasta desgrano un Padrenuestro con gran propiedad y de acuerdo con los textos posconciliares.Y nunca descompusieron el ceremonial hasta la salida, cuando el Faraon les pregunto si 'habian tenido trato con el pobre' o si les pintaba algo. Que nadie como ellas para conocer hombre tumbado aunque estuviera ya en el quinon del 'no volveras'.

Carantona Aguado fue la primera en responder que las 'prendas personales del difunto no le eran conocidas'. Y comoel Faraon le preguntase si habia examinado al muerto hasta semejante prenda, para estar tan fija, las cuatro juniperas soltaron una risotada a coro que se debio oir en las eras vecinas y echo por tierra la discrecion anterior.

Maleza les echo el chito desde la puerta y algunas mujerucas les dijeron cosas muy feas de su profesion nocturna.

Las chicas, un poco amedrentadas, encogieron el labio, y ya en voz confidente preguntaron alFaraon si iba a ir a hacerles tertulia a la casa de la Bernarda.

Antonio les respondio que en cuanto le quitaran de en medio a aquel convidado de muerto y aliviara un poco el luto, iria con otros amigos, porque desde hacia algun tiempo estaban confeccionando un catalogo de tetas y querian ver si entre el personal nuevo habia formas no registradas.

Pepa Julepe le pregunto que como era un catalogo de tetas. Yel Faraon, llevandolas un poco mas alla, fuera de la artilleria de la cola, comenzo a recitar su catalogo de esta manera:

Las de torta de Alcazar. Redondas, sin relieve y con el pezon sumido.

Las agradecidas y sueltas, que, aunque duras, temblequean a cada golpe de tacon.

Las de pera de agua, que empitonan el vestido y lo alzan por la parte delantera.

Las mansas de corazon y a la buena de Dios, que se dejan caer sin perder su fortaleza y comen en la mano.

Las satisfechas de la vida, que de puro hinchadas no dejan ver a la propietaria la parte baja de su propio cuerpo.

Las lloronas, en forma de llamador, aunque tengan sumiajade vuelta hacia arriba para aspirar el aire del escote.

Las de unapaaca y otra paalla, como si estuvieran disgustadas o buscaran la salida por cada manga del vestido.

Las arrejuntadas, que se buscan el pico.

Las de alforja vacia, y casi, casi liquidas, que hay que enfrascarlas en calcetines especiales.

Las de calabacin sin gracia y con el pezon entornado de pura verguenza.

Las de vieja decrepita, que se las sujetan a la cintura con el mandil para no volar.

Las que fueron y solo dejaron el lunar.

Y por ultimo, muy raras:

Las desparejadas: una con pezon y la otra esfera lisa. O una gallete y la otra aburrida… Estas suele decirse que las tienen las que fueron engendradas a pie derecho y en cuesta, sin el reposo y nivel de la cama.

A cada una de estas figuras pecheras que decia Antonioel Faraon, las cuatro ye-yes del ramo de la ingle soltaban carcajadas, que enrabietaban a las visitantes y mironas.

– Se habra visto a las hijas de su madre juergueandose a la par del camposanto.

– ?Y que me dices de el? Menudo bribonazo, que toda su vida ha sido igual.

– Para abuelo que va y siempre con pelanduscas.

– Y sabes que se recata el africano este.

– El tio tan campante. ?Que le han metio un muerto en su nicho? Como si le hubieran dado elaguilando, que el no se apena por nadie en el mundo.

– ?Y a ti cualas tetas te gustan,Faraon? – le pregunto la Salesa.

– ?A mi…? Las de pelota, que caben justico en la mano, con poco pezon y buen valle.

Maleza, en ausencia del Jefe y de don Lotario, 'que era como de la casa', dandose pisto, rastreaba las caras y dichos de los visitantes. Asi estuvo el hombre hasta eso de la una, cuando llego un coche que no se le despinto:

– ?Atiza, 'los secretas'!

Se apeo un joven con gafas negras, muy bajito el y con cara de pocos amigos. Era de esos que siempre estan aspirando por la nariz como si todo les oliera mal.

– Lo que faltaba – dijo para si Maleza -; han mandado al unico jilipollas del cuerpo, al agente Rovira.

Se aproximo al guardia con un 'ABC' bajo el brazo.

– Buenos dias – dijo seco -, soy el agente Rovira, de la Comisaria de Alcazar.

– Ya, ya le conozco.

A Rovira le cayo muy bien aquel asomo de popularidad.

– ?Donde esta su Jefe?

– Haciendo investigaciones.

– Desde luego tienen ustedes unas costumbres que ya, ya. Nos ha llegado el aviso casi cuando la noticia en el 'ABC'.

– Eso digaselo usted al senor Juez… Ademas, ayer vino en el 'Lanza'.

– Encima eso.

– Hombre, quiero decir que cuando se envio a 'Lanza', seguro que avisaron el caso a la Comisaria… A ver si es que no han podido darle a usted el encargo hasta hoy o que usted ha tenido mucho quehacer.

Rovira encogio la nariz con mas aceleracion que nunca, se estosio un poco y desvio el tema abriendo el diario por la hoja donde venia la cronica. Hizo como que releia el texto, que lo traia recuadrado con trazos de lapiz rojo.

– ?Y que? ?Siguen ustedes sin saber quien es? – dijo sin dejar de leer o haciendo como que leia.

– Nosotros nos limitamos a ensenarselo al pueblo por si es cara conocida. Y hasta ahora, que yo sepa, no han dado pista… Me parece que van a tener ustedes un trabajo fino.

– Vamos a echarle una ojeada.

– Aqui llega el Jefe – dijo Maleza jubiloso, al columbrar un coche por la carretera de Argamasilla.

Rovira se volvio a estoser y perdio un poco el empaque supremo que tenia.

Casi al pie de las cuatro bernardas y delFaraon, que seguian en su verde chachara, aparco don Lotario su 'Seiscientos'.

Nada mas echar pie a tierra los viajeros, noto Maleza que Plinio habiaguipao a Rovira.

Manuel, con su reposo de siempre, seguido del veterinario, y haciendo como que no reparaba en el 'secreta', se detuvo conel Faraon y sus discipulas. Y despues de echar una buena parrafada con mucha puntuacion de risas y sonrisas, sin duda porque seguia la recitacion del catalogo tedero, se enderezo hacia la 'Sala Deposito', e hizo, de pronto, como que reconocia al de Alcazar.

– ?Que hay, muchacho? – le dijo afablemente.

Don Lotario quedo a distancia reglamentaria y el agente Rovira, ahora muy fino y suavizado, extendio la mano a Plinio.

– Enhorabuena, Gonzalez – dijo -. Ya es usted famoso otra vez.

– ?Yo? ?Por que? ?Que lastima!

– Porque viene en el 'ABC'.

– No me diga.

– Si; usted y el senor Lotario – y senalo al veterinario, que al oir su nombre se le alumbraron los ojillos-. Mire – continuo desplegando el diario-, una cronica del corresponsal de Ciudad Real, que dice – y se puso a leer con gran enfasis -: 'Manuel Gonzalez – para los amigosPlinio -, ya famoso Jefe de la Guardia Municipal de Tomelloso, y conocido en todos los medios policiales de Espana por su raro talento para descubrir casos dificiles, ayudado por su inseparable amigo, el veterinario Municipal, don Lotario, ha comenzado a colaborar con las autoridades

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