La injusticia, la desigualdad, la violencia. Esta y no otras son las leyes que dominan el mundo. Por eso digo: dejenos por lo menos la alegria del infierno. Un infierno abarrotado y ruidoso como una playa en agosto. No veo la hora de hundirme en el y sufrir para siempre. Porque en mi vida solo he provocado dolor y es justo que en el dolor yo viva para siempre.

Una ultima cosa. Usted ha dicho que hay que amar al diablo porque el diablo esta solo con su desesperacion.

Pues yo le digo esto: que las lagrimas del diablo deben importarnos tanto como las lagrimas del cocodrilo.

Saludos cordiales.

Y garabatee mi firma al pie.

Eran casi las cinco y el cielo todavia estaba oscuro. La luz no habia vuelto. Con la vela en la mano fui a buscar un sobre. En el cajon de debajo del telefono habia varios. Cogi uno blanco que escondia un viejo folio doblado, ya amarillento. La letra era la de Michele.

Noche en la cabana. Las estrellas velan sobre las penas y sus bosques. Pero su mirada es fria. Sensacion de soledad. ?Adonde voy? La oscuridad dilata las preguntas, las vuelve inaccesibles. Solo vuelvo a respirar cuando aparece el tenue resplandor de la aurora.

Senor, ?que grande es Tu misterio! Para darnos la luz, has creado las tinieblas. Para darnos la vida, has creado la muerte.

Mientras leia aquellas palabras, una rafaga de viento casi arranco una ventana. Entro con violencia, haciendo volar los folios, las cenizas, volcando el costurero de mi madre. Alli estaban guardados todos los retales de los jerseis que nos habia regalado a lo largo de su vida. Estaban los jerseis de Laura, de Michele, los mios, los del abuelo. Todavia distinguia los colores de cada uno. Empujados por aquella mano invisible, comenzaron a correr por todas partes. Me puse de rodillas para intentar recogerlos.

El primero que cogi era azul.

En ese instante la vela se apago y un haz de luz blanca atraveso la habitacion.

EL BOSQUE EN LLAMAS

I

Conozco su edad, pero no su rostro. Eso es lo que no me deja dormir de noche. Vino al mundo el 3 de marzo, a las tres de la noche. A las tres de la noche, el 3 de marzo de 1983.

Un amigo experto en esoterismo lo encontraba motivo de felicitacion. No a todos toca, me habia dicho, nacer con cifras tan perfectas. Yo no le hice mucho caso. Giulia estaba ligeramente por debajo del peso normal y era mas bien fea, como todos los recien nacidos.

Los primeros diez dias los paso en la incubadora. Un poco de ictericia, nada mas, pero fue suficiente para desencadenar la inquietud de la madre.

«Me ocultan algo», repetia con mirada nerviosa. «Hay algo que no quieren que sepa.»

Entonces yo me sentaba en la cama y pasaba horas tranquilizandola, aunque todo era inutil.

Cuando por fin le pusieron a la nina en los brazos, la miraba como se mira una mercancia que sospechas que te han vendido averiada.

«No succiona bastante», decia. «?Respira o no respira? No lo entiendo.»

Por fin, consiguio transmitirme las dudas incluso a mi. Una tarde, pare al medico en el pasillo.

«?Que le pasa a mi hija?»

Estabamos ante el cristal del nido.

Giulia dormia bajo la lampara con el culo en pompa. Probablemente estaba sonando, porque hacia muecas.

«?Por que iba a pasarle algo? Mirela», dijo sonriendo, «es una florecilla que no ve el momento de crecer».

Al dia siguiente volvimos a casa. Aparentemente, Anna estaba tranquila. Pero a Giulia no le ayudo el cambio de aires. Confundia el dia y la noche. Gritaba como si tuviese hambre pero, en cuanto Anna le ofrecia el pecho, volvia la cara. Solo despues de insistir mucho, conseguia que mamara un poco. Era una lucha extenuante. Cuando Giulia estaba otra vez en su cuna, Anna estallaba en sollozos.

«No me quiere», gritaba, «no quiere saber nada de mi».

De acuerdo con el pediatra, una semana mas tarde pasamos a la leche artificial. La mejora fue muy pronto evidente para Giulia, pero no para Anna. El parto habia desencadenado en ella una depresion latente desde hacia tiempo. No se lavaba, no hacia la compra, no guisaba. Cuando yo volvia del trabajo por la tarde, encontraba a la nina gritando de hambre y sucia hasta el cuello.

En poquisimo tiempo, tuve que aprender a hacer de mama. Cambiar los panales, echarle los polvos de talco, comprobar con los labios la correcta temperatura de la leche.

Cuando iba al instituto, las chicas me decian siempre: eres el mejor de todos. Mis companeros insinuaban que quiza yo fuese homosexual, pero no era verdad. Preferia leer a jugar al futbol. Si salia con una amiga, me gustaba mas hablar con ella que ponerle inmediatamente las manos encima.

Y a lo mejor por eso, cuando me vi haciendo de mama, no me preocupo demasiado. En vez de ir al bar a beber con los amigos, acepte mis responsabilidades. Los hijos son cosa de dos, me repetia. Si uno esta mal, es justo que el otro cargue con el peso. Un dia se curara, me decia, y mi sacrificio habra servido para construir una familia feliz.

Yo queria a Anna mas que a nada en el mundo. Amaba su fragilidad, su imprevisibilidad. Amaba sobre todo el hecho de que no pudiese vivir sin mi amor.

La habia conocido en el instituto, aparecio en mi clase el penultimo ano, su familia acababa de mudarse desde otra ciudad. Estaba en el tercer pupitre y era muy silenciosa. Mientras las otras chicas hacian cualquier cosa por llamar la atencion, ella hacia cualquier cosa por esconderse. Silenciosa, vestida con sobriedad, si le preguntaban enrojecia antes de responder. Naturalmente, se convirtio en el hazmerreir de la clase. Las chicas decian: o es tonta u oculta algo. Los chicos se encogian de hombros: dejadla, es una autentica monja y esta mas plana que un lenguado.

Una tarde me la encontre por casualidad en el parque. Era mayo, en el lago los cisnes nadaban alargando el cuello, los gorriones saltaban en el polvo. Habiamos hablado del instituto, de los profesores simpaticos y de los antipaticos, del examen de selectividad, de las vacaciones, de lo que hariamos en el futuro.

«?No tienes ninguna pasion?», le pregunte.

«?Pasiones?», repitio, bajando la mirada. «Si, me gusta leer. Leer poemas, novelas… Si, me gustaria matricularme en letras. Pero estoy indecisa porque tambien me gustaria estudiar psicologia. Tenemos tantas cosas en la cabeza, seria estupendo que entendieramos algo, ?no te parece?»

«Ah, si», respondi, y le hable de mi pasion por los arboles. Pensaba estudiar biologia o ingenieria agricola.

Parecio maravillada. Probablemente se preguntaba como llega uno a apasionarse por cosas tan poco interesantes como los arboles.

«Incluso los arboles», le dije, «pueden ser simpaticos o antipaticos. ?No lo has pensado nunca? Por ejemplo, fijate en ese, un cipres de Arizona, ?como es?».

Anna lo miro un poco, luego abrio la boca. «Antipatico.»

«?Y ese?», continue, senalando un sauce lloron.

«Simpatico. Muy simpatico.»

En aquel momento, pense que de una chica asi incluso podria enamorarme.

Luego llego el panico prolongado del examen de selectividad, el alivio de haberlo superado, las breves vacaciones antes de iniciar las practicas de ingreso en la universidad. Y la perdi de vista.

Вы читаете Respondeme
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату