obstaculos. Alli hay tres vallas, a la derecha una rampa, mas alla, un tunel de aire y luego la lona sobre la que saltar. Cinco minutos de retraso en volver a casa queria decir encontrarla llorando en el sofa, convencida de que en aquel momento yo estaba caido en el asfalto. Olvidar un encargo significaba para ella el oscuro silencio del abandono.
Cuando pasaba el dia fuera por el trabajo, llamaba desde cualquier bar, desde cualquier telefono, desde cualquier cabina abandonada en un cruce. Cuando tenia que acompanarme un ayudante, inventaba excusas para llamar continuamente por telefono. Mi madre esta mal, decia, o cualquier otra cosa por el estilo.
Yo era reservado en lo que tocaba a nuestra dependencia reciproca. Sabia que, vista desde fuera, hubiera podido provocar comentarios no precisamente benevolos. Pocas personas, me decia, tienen la fortuna de vivir un amor tan intenso. Por eso era mejor mantenerlo oculto. Oia las historias de mis colegas, peleas continuas, reivindicaciones, mujeres nerviosas que solo esperaban que la puerta se cerrase detras del marido para huir de casa.
Una vez, incluso casi llegue a discutir con uno de ellos. «Pero ?no te aburres con tu mujer?», me habia preguntado burlon.
«Hablas asi porque no sabes lo que es el amor», le respondi, molesto.
Sabia que los conocidos nos llamaban «los papagayos inseparables», pero no me importaba en absoluto. Hablan con resentimiento, me decia, porque les gustaria estar en nuestro lugar.
En aquel tiempo, trabajaba en una sociedad para la proteccion ambiental, me ocupaba de las enfermedades de los arboles, podia aplicar mis conocimientos y estaba contento.
A veces, de noche, cierro los ojos y no duermo. Veo el fuego. Es el fuego pero no es el fuego. Es un bosque de alerces. Parece otono pero la hierba de los pastizales esta alta, asi que no es otono. Una vez mas, lo que parece no es lo que es en realidad. Alguien camina por alli y ese alguien soy yo. El bosque es el bosque que me ha sido confiado. Cuando todo empieza, todavia esta verde. Solo existe la sospecha de que ha sido atacado por lepidopteros devastadores. Recojo algunas hojas, un poco de corteza, esparzo aqui y alli trampas de feromonas, para ver si el insecto ha llegado ya.
Mientras, en casa, Giulia se ha caido de la trona y se ha hecho un buen chichon. No hay telefonos en el bosque, no puedo saberlo. Solo me entero en el camino de vuelta. Cuando entro en casa, Giulia esta en el divan y Anna la aprieta contra si. Llora.
«Es culpa mia. No ve con un ojo.»
Vallas, tunel. Inutil tranquilizarla, decirle que todos, antes o despues, nos hemos caido de la trona.
Al dia siguiente, temprano, la llevo al hospital. Desde alli, llamo por telefono a los companeros de trabajo y digo: Llegare un poco mas tarde. Pero sale el medico de Urgencias. Junto a el, Anna parece un espectro. Lo oigo decir: «Es mejor hospitalizarla inmediatamente.»
El mismo dia, los lepidopteros llegan al bosque.
Normalmente un bosque muere mas despacio que un hombre. Tarda meses en irse, incluso anos. Pero cuando se va, se va para siempre. Y con el se van tambien todas las otras formas de vida. Los liquenes y los musgos, los coleopteros y las hormigas rojas, los curculionidos y los piquituertos, los luganos y los mitos. El que puede, escapa. El que no lo consigue, se extingue con el.
Mi muerte y la del bosque empezaron con curiosa sincronia.
Giulia tenia algo en la cabeza pero aun no se sabia bien lo que era. Habia que abrir para saberlo. Yo andaba sobre las primeras agujas caidas y no me preocupaba por Giulia sino por Anna. Si Giulia muere, me decia, quiere decir que era su destino, pero ?como conseguira Anna sobrevivirle? Andaba y de repente sentia los hombros fragiles. ?Cuanto peso se estaba acumulando sobre ellos?
Anna pasaba los dias en el hospital y cada dia se hacia mas transparente, la voz se habia reducido a un hilo. Cada vez que podia, la apretaba entre mis brazos, fuerte, le hablaba bajo al oido.
A Giulia le habian cortado el pelo. Asi sus ojos eran enormes y ya sin alegria.
La operacion fue bien, y la convalecencia. En aquellos dias deberia haberme sentido abatido, desesperado, pero me sentia como un leon. Habia en mi interior una energia extraordinaria. Yo era la base, no podia ceder.
Debiamos esperar la biopsia.
Pocos dias antes de los resultados, Anna y Giulia volvieron a casa.
En el bosque, los primeros dos arboles se pusieron amarillos. Bastaba mover una rama para que las agujas cayeran como lluvia. Las agujas que caen fuera de estacion impresionan mas que las hojas. Caen y parecen dientes, la hoja planea, la aguja se precipita. La rama negra es como una encia desnuda. Alrededor todo es vida y en el bosque es muerte. O preludio de la muerte.
En el hospital, Anna habia hecho amistad con una enfermera. Las habia visto varias veces hablando sin parar entre ellas.
Una tarde, al volver del bosque, encontre la casa vacia. Faltaba un dia para los resultados, por eso me preocupe.
Estuve toda la noche conduciendo, dando vueltas. Pase y volvi a pasar junto al rio, por los puentes. Anna podria haber cometido una locura. Lo que para nosotros es una locura, a ella le hubiera parecido una cosa natural.
Con las primeras luces del alba fui a la policia a denunciar la desaparicion.
Poco antes del mediodia, oi su llave en la cerradura. Tenia a Giulia en brazos y sonreia. Me beso como si volviera de un paseo y luego se dirigio al telefono.
«?Que haces?», le pregunte.
Y ella: «Estoy llamando al medico.»
«?Lo llamo yo!»
Vi como sus hombros se agitaban. «No importa.»
Un minuto despues, llegaba el resultado. Anna cayo directamente de rodillas, con el auricular todavia en la mano.
«Papa, ?quiero agua!», gritaba Giulia.
«Dime, que», grite yo. La nina se asusto y se echo a llorar.
«?Dime!»
Anna temblaba, se cubria el rostro con las manos y repetia: «?Gracias, Dios mio! Gracias, Senor…»
La cogi por los hombros.
«Hablas con Dios», le grite a la cara, «?o te dignas a hablar con tu marido?»
III
En la isla nunca se desatan incendios. Demasiada piedra, demasiada poca vegetacion. No se desatan incendios, pero yo siento siempre el olor del fuego. Pero ?que olor tiene el fuego si dentro no hay nada que se queme? El fuego de un bosque es distinto al fuego de neumaticos viejos. El fuego que quema las plumas o los huesos es distinto al que devora las hojas.
De noche sueno que los alerces se transforman en llamas. Cada alerce es una llamarada solitaria. Si observo mejor, me doy cuenta de que no son alerces sino personas. O mejor, alerces con cabeza de persona. Esta el rostro de Anna, ahi, arriba, y el de Giulia, y esta tambien mi rostro. Ardemos todos sin un grito, sin una imprecacion. Solo se oye el crepitar seco de las ramas muertas. Y yo que me revuelvo bajo las llamas con las manos en el pelo repitiendo: «?Eran lepidopteros, no llamas! ?Por que ahora arde todo? ?Nunca he creido en el infierno!»
La primera vez, ella vino de noche. Senti algo fresco en las mejillas, abri los ojos y vi brillar su mirada. Desprendia una tristeza tremenda. Alguien, algo, no se quien, me dijo en un soplo: «?Que has hecho?»
Nunca he creido en el infierno, ni en los diablos, ni siquiera en los fantasmas, asi que ni siquiera he creido en Dios, nunca. Es mas, la idea misma de Dios siempre me ha disgustado. ?Que necesidad habia de molestarlo para explicar el universo? Existian las leyes de la fisica, las leyes de la quimica. Su interaccion posibilitaba la explicacion de cualquier cosa.
Despues de la enfermedad de Giulia, Anna se convirtio en otra persona.
