escritorio.
En vista de que no decia mas, Brunetti insto, con voz mas suave:
– Siga,
– Yo era amigo de Leonardo. Quiza su unico amigo. -Levanto la cara y luego volvio a mirarse las manos-. Yo sabia lo que hacia -dijo a media voz.
– ?Que sabia,
– Que se disfrazaba. Y que iba con chicos.
Se sonrojo al decirlo, pero siguio mirandose las manos.
– ?Como se entero?
– Leonardo me lo dijo. -Hizo una pausa y aspiro profundamente-. Hemos trabajado juntos durante diez anos. Nuestras familias se conocen. Leonardo era padrino de mi hijo. No creo que tuviera otros amigos, lo que se dice amigos.
Ravanello dejo de hablar, como si fuera esto lo unico que podia decir.
Brunetti espero un momento antes de preguntar:
– ?Como se lo dijo? ?Y que le dijo exactamente?
– Era domingo, estabamos aqui, trabajando, solos el y yo. Los ordenadores habian estado bloqueados el viernes y el sabado y no habiamos podido empezar a trabajar con ellos hasta el domingo. Estabamos sentados en las terminales del despacho general, y el, sencillamente, se volvio hacia mi y me lo dijo.
– ?Que le dijo?
– Fue muy extrano, comisario. Se me quedo mirando. Al ver que habia dejado de trabajar, pense que queria decirme algo, preguntar algo acerca de la transaccion que estaba pasando. -Ravanello hizo una pausa, rememorando la escena. Me dijo-: «?Sabes, Marco? A mi me gustan los chicos.» Y siguio trabajando, como si acabara de darme el numero de una operacion o la cotizacion de unas acciones. Fue muy extrano.
Brunetti dejo que se hiciera un silencio antes de preguntar:
– ?Dio alguna explicacion a estas palabras o agrego algo?
– Si; aquella tarde, cuando terminamos el trabajo, le pregunte que habia querido decir, y me lo explico.
– ?Que dijo?
– Que le gustaban los chicos, no las mujeres.
– ?Los chicos o los hombres?
–
– ?Le hablo de travestismo?
– Aquel dia, no. Pero me hablo al cabo de un mes. ibamos en el tren, a la central de Verona, y en el anden de la estacion de Padua habia un grupo de ellos. Entonces me lo dijo.
– ?Como reacciono usted?
– Me quede helado, como puede figurarse. Nunca hubiera podido sospechar eso de Leonardo.
– ?Usted le advirtio?
– ?De que?
– Del peligro que suponia para su posicion en el banco.
– Naturalmente. Le dije que, si alguien se enteraba, su carrera estaba acabada.
– ?Por que? Estoy seguro de que hay homosexuales que trabajan en bancos.
– No es eso. Era lo de vestirse de mujer y de ir con chaperos.
– ?Le dijo el eso?
– Si. Me dijo que recurria a ellos y que a veces el tambien lo hacia.
– ?Hacia que?
– Dedicarse a la prostitucion. Por dinero. Le dije que eso podia destruirlo. -Ravanello hizo una pausa y agrego-: Y lo ha destruido.
–
– Acabo de contarselo, comisario. Se lo he contado todo.
– Si; porque he venido a preguntar. Usted no nos ha llamado.
– No vi la razon para destruir su reputacion -dijo Ravanello al fin.
– Por lo que me ha dicho acerca de la reaccion de sus clientes, no parece quedar mucho por destruir.
– No me parecio importante. -Al observar el gesto de Brunetti, dijo-: Vera, todo el mundo parecia estar enterado. No vi razon para traicionar su confianza.
– Sospecho que aun hay algo que no me ha dicho,
El hombre sostuvo la mirada de Brunetti solo un momento.
– Tambien queria proteger al banco. Queria averiguar si Leonardo… si Leonardo habia cometido alguna irregularidad.
– ?Asi llaman los banqueros al desfalco?
Una vez mas, Ravanello manifesto con un rictus de los labios la opinion que le merecian las expresiones de Brunetti.
– Queria estar seguro de que el banco no habia sido afectado por sus indiscreciones.
– ?Y eso quiere decir…?
– Esta bien, comisario -dijo Ravanello inclinandose hacia adelante y hablando con impaciencia-. Queria estar seguro de que sus cuentas estaban en orden, de que no faltaba nada de los fondos que el manejaba.
– Habra tenido una manana muy atareada.
– No; estuve aqui el fin de semana. He pasado casi todo el sabado y el domingo delante del ordenador, revisando sus archivos de los tres ultimos anos. No he tenido tiempo para comprobar mas.
– ?Y que ha encontrado?
– Absolutamente nada. Todo esta en perfecto orden. Por muy irregular que fuera la conducta de Leonardo en su vida privada, en su trabajo era irreprochable.
– ?Y si no hubiera sido asi?
– Entonces les hubiera llamado.
– Ya. ?Puede darnos copia de esos archivos?
– Desde luego -accedio Ravanello, sorprendiendo a Brunetti por la rapidez de su asentimiento. La experiencia le habia ensenado que los bancos son mas reacios a dar informacion que a dar dinero. Generalmente, para conseguirla hacia falta un mandamiento judicial. Que detalle tan agradable y complaciente el del
– Muchas gracias,
– Los tendre preparados.
– Tambien le agradeceria que tratara de recordar si hay algo mas que el
– Asi lo hare. Pero creo que se lo he dicho todo.
– Bien, quiza la impresion del momento le impida recordar otras cosas, detalles. Le quedaria muy agradecido si anotara todo cuanto consiga recordar. Me pondre en contacto con usted dentro de un par de dias.
– Esta bien -repitio Ravanello, mas amable, al percibir que la entrevista tocaba a su fin.
– Creo que eso es todo por hoy -dijo Brunetti poniendose en pie-. Le agradezco su tiempo y su sinceridad,
– En efecto -convino Ravanello.
– Una vez mas -dijo Brunetti extendiendo la mano-, quiero darle las gracias por su tiempo y su colaboracion. -Hizo una pausa y agrego-: Y por su honradez.
Ravanello levanto rapidamente la mirada al oirlo, pero dijo:
– A su disposicion, comisario.
Rodeo la mesa y precedio a Brunetti hasta la puerta. Salio del despacho con Brunetti y lo acompano a la entrada de las oficinas. Alli volvieron a estrecharse la mano, y Brunetti salio a la escalera por la que habia seguido a Ravanello el sabado por la tarde.
