hacia Pitt y exclamo:
– ?No puedes pilotar un helicoptero!
– Lamento desilusionarte -respondio Pitt pacientemente-. Al y yo sabemos pilotar estos cacharros.
Giordino miro a Flidais, se fijo en la elegancia de su atuendo y sonrio con una expresion vengativa.
– Veo que has encontrado a Rita. ?La has sacado de una fiesta?
– Estaba con una amiga suya, bebiendose una botella del mejor champan. Resulta que se llama Flidais; vendra con nosotros. No le quites el ojo de encima.
– Utilizare los dos -afirmo Giordino con voz helada.
Pitt miro a Flidais durante un segundo mientras subia al helicoptero. El brillo habia desaparecido de los ojos de la mujer. La tranquilidad y el coraje de antes habian dado paso a la inquietud.
Pitt echo una ojeada al interior antes de ir rapidamente a la cabina y sentarse en el asiento del piloto. Se trataba de un McDonell Douglas Explorer, con dos motores turbo gemelos Pratt amp; Whitney construido por MD Helicopters en Mesa, Arizona. No oculto su satisfaccion al ver que se trataba de un aparato con sistema antitorque, lo que hacia innecesario el rotor trasero.
Comprobo que la valvula de combustible estuviese abierta y desconecto el ciclico y el colectivo. Luego probo los pedales, los aceleradores y los interruptores de circuito, y movio el cebador para ajustar la mezcla. Despues de apretar el interruptor general, puso en marcha los motores. Las turbinas comenzaron a girar y en cuestion de segundos llegaron a la temperatura y el numero de revoluciones apropiado. Por ultimo, Pitt verifico que todas las luces de alerta estuviesen apagadas. Asomo la cabeza por la ventanilla lateral y le grito a Giordino por encima del aullido de las turbinas:
– ?Arriba!
Giordino no tuvo tantos miramientos como Pitt. Sujeto a Flidais por el cuello y la arrojo al interior de la cabina. Luego subio de un salto y cerro la puerta.
El interior era elegante y lujoso, con cuatro grandes butacas de cuero y consolas de madera noble. Una de ellas disponia de ordenador, fax y videotelefono satelital. Tambien habia un bar con botellones y vasos de cristal. Los Lowenhardt, instalados en sus asientos y con los cinturones abrochados, miraron en silencio a Flidais, que continuaba tumbada en el mismo lugar donde habia caido. Giordino la sujeto por debajo de los brazos, la arrastro hasta una de las butacas y le abrocho el cinturon. Le entrego el fusil de asalto a Claus Lowenhardt.
– Si se mueve, matela.
Claus, que detestaba a las mujeres que lo habian tenido prisionero, acepto el encargo con una sonrisa.
– Nuestros agentes os estaran esperando cuando aterriceis en Managua -dijo Flidais despectivamente.
– Ah. Es algo que me consuela.
Giordino se volvio rapidamente para ir a la carlinga y sentarse en el asiento del copiloto. Pitt vio que se cerraban las puertas del ascensor. Alertados por la mujer de la suite, los guardias habian llamado al ascensor que les permitiria llegar a la azotea. Movio la palanca del colectivo hacia atras y el helicoptero se elevo en el aire. Luego empujo el ciclico hacia delante. El morro bajo un poco y el MD Explorer salto de la azotea del edificio. De inmediato acelero hasta alcanzar la velocidad maxima de trescientos kilometros por hora, y volo por encima de las instalaciones de Odyssey en direccion a la pista de aterrizaje que se extendia entre los dos volcanes.
En cuanto llego a la falda del Maderas, rodeo el pico y descendio hasta que el Explorer estuvo a menos de diez metros por encima de las copas de los arboles, para despues cruzar la costa y adentrarse en las aguas del lago.
– Espero que no se te ocurra ir a Managua -dijo Giordino, mientras se ponia los auriculares-. Su alteza real dice que unos gorilas nos estaran esperando.
– No me sorprenderia -afirmo Pitt con una gran sonrisa-. Por eso mismo ahora volaremos en direccion oeste por encima del Pacifico antes de virar al sur para ir a San Jose, en Costa Rica.
– ?Nos alcanzara el combustible?
– Dentro de unos minutos volare a velocidad de crucero. Si no me falla el calculo, nos sobraran unos diez litros.
Pitt continuo volando a ras de las olas para escapar a los radares de Odyssey, antes de cruzar la angosta franja de tierra en el lado oeste del lago. Quince kilometros mar adentro, viro hacia el sur y subio poco a poco mientras Giordino fijaba el rumbo a San Jose. Durante el resto del vuelo, Giordino no dejo de vigilar atentamente los indicadores del combustible.
El cielo estaba encapotado. No amenazaba lluvia, pero no se veian las estrellas. Pitt nunca se habia sentido mas agitado. Le paso los controles a Giordino, se arrellano en el asiento, cerro los ojos y respiro lenta y profundamente. Aun le quedaba una cosa por hacer antes de permitirse el lujo de dormir. Saco el movil de su mochila impermeable y marco el numero privado de Sandecker.
El almirante atendio la llamada en el acto.
– Sandecker.
– Estamos fuera -dijo Pitt, cansado.
– Ya era hora.
– No fue necesario prolongar la visita.
– ?Donde estais?
– Volamos en un helicoptero robado con rumbo a San Jose, en Costa Rica.
Sandecker hizo una breve pausa mientras asimilaba la informacion.
– ?No fue necesario espiar las instalaciones durante el dia?
– Nos sonrio la suerte -respondio Pitt, que hacia esfuerzos para no dormirse.
– ?Has recogido toda la informacion que necesitamos? -pregunto Sandecker, con su tipica impaciencia.
– Lo tenemos todo -dijo Pitt-. Gracias a los cientificos que tiene cautivos, Specter ha perfeccionado la tecnologia de las celdas de combustible. Utilizan nitrogeno en lugar de hidrogeno. Los chinos comunistas estan fabricando millones de estufas alimentadas por la electricidad de esas celdas, que distribuiran y pondran a la venta cuando abran los tuneles y el frio polar haga sentir sus efectos en la costa de Norteamerica y Europa.
– ?Me estas diciendo que toda esta locura es para vender estufas? -pregunto Sandecker, atonito.
– Ganaran miles de millones de dolares, por no hablar del poder que tendran gracias al monopolio. Lo mire por donde lo mire, la economia mundial dependera de Specter en cuanto caiga la primera nevada.
– Pareces estar convencido de que ha perfeccionado la tecnologia, cosa que aun no han conseguido las mejores mentes cientificas del mundo -opino Sandecker.
– Las mejores mentes cientificas del mundo trabajan para Specter -afirmo Pitt-. Escuchara toda la historia de boca de dos de los cientificos que han trabajado en el proyecto.
– ?Estan contigo? -pregunto el almirante, entusiasmado.
– Los tengo en la cabina, junto con la mujer que asesino a Renee Ford.
En el rostro de Sandecker aparecio la expresion del bateador que acaba de lograr un jonron con los ojos cerrados.
– ?Tambien la tienes a ella?
– Envie un avion a San Jose para recogernos, y manana a esta misma hora la tendra sentada en sus rodillas.
– Le dire a Rudi que se encargue -dijo Sandecker, con una voz que reflejaba alegria y excitacion-. Os quiero en mi oficina en cuanto aterriceis.
No hubo respuesta.
– Dirk, ?me escuchas?
Pitt se habia dormido, sin darse cuenta de que habia cortado la comunicacion.
40
El reactor de Air Canada entro en una espesa nube, cuyas suaves curvas blancas mostraban los primeros toques naranja del sol poniente. Mientras el avion comenzaba el lento descenso hacia Guadalupe, Summer contemplo a traves de la ventanilla como el agua, de un color azul morado hasta entonces, se volvia azul claro y
