excesivamente pequena; se referia a ella -de manera muy original, en mi opinion, aunque resultaba lastimoso- como su puding. Sus ojos, aunque muy expresivos, bizqueaban terriblemente, y cuando sonreia sus dientes asomaban como granos de maiz en la punta de una panocha.
– No sabes nada sobre monos, ?verdad?
– No tanto como debiera.
– ?Son buenos animales de compania? Estaba pensando en comprarme un mono. Un mono ardilla, ya sabes, uno de esos pequenos, para llevarlo en el hombro. ?Sabes algo sobre los monos ardilla?
– Solo que asesinan a sus duenos.
Deborah me mostro su torcida dentadura.
– De todas formas me sigues cayendo bien, Doc -dijo, con su habitual tono insincero. Como muchas personas a las que solo les queda un ligerisimo acento de su lengua original, sus palabras siempre sonaban algo falsas-. Quiero que lo sepas. Todo el mundo opina que eres un capullo. Pero yo no. Quiero decir que yo tambien, pero que aun asi me caes bien.
– ?Eso es estupendo! -dije-. Eres la persona peor dotada para juzgar a los demas que conozco, Deb.
– Si, en eso tienes toda la razon -admitio, y por un momento parecio deprimirse. Su ultimo marido, por ejemplo, un dentista medio coreano llamado Alvin Blumentopf con el que estuvo casada durante un ano entero, recibio una paliza de unos prestamistas por impago de deudas de juego y dos anos despues fue declarado culpable de fraude fiscal y enviado a la prision federal de Marion. El hecho de que Deborah se hubiese enamorado de el practicamente garantizaba semejante destino-. Gracias por recordarmelo, ?vale?
Tiro el cigarrillo a medio fumar al suelo, como si se hubiese hartado de el. En ciertas situaciones, Deborah resultaba mucho mas sensible que Emily, y recorde que siempre se me olvidaba -deslumbrado por su desenvoltura y aire desenfadado- lo facil que resultaba herirla en sus sentimientos. Apague el cigarrillo por ella, aplastandolo con el pie.
– ?Que caballero! -dijo-. Bueno, vale, asi que no te ha dejado entrar en el lavabo.
– Ni siquiera se ha dignado a dirigirme la palabra.
– ?No ha abierto la boca?
– No, pero la verdad es que solo he esperado veinte minutos.
– ?Y despues has salido para orinar aqui fuera?
– Si -dije, y me dirigi hacia un arbol cercano que, tras una meticulosa inspeccion, me parecio aceptablemente marchito-. ?Me disculpas?
– ?Puedo verte la salchicha?
– Claro. -Me coloque detras del arbol y me baje la cremallera-. ?Tienes un boligrafo?
– No, ?por que?
– Quiero dibujarle una cara en la punta para ensenartela.
– ?Los gusanos tienen cara?
– Vas a conseguir que me deprima.
– Doc -dijo Deborah-, ?cuantas veces has estado casado?
– Tres.
– Tres. Igual que yo.
– Igual que tu.
– Y apuesto a que las enganaste a todas.
– ?Oh! Mas o menos.
– ?Y yo soy la persona peor dotada para juzgar el caracter de los demas con la que te has topado?
– Aja -dije. Acabe la operacion, me subi la cremallera y sali de detras del arbol-. Bueno, y aparte de pensar en monos, ?que estabas haciendo aqui, Deb? ?Emprendias la huida de Egipto?
– Oh, no lo se. Daba una vuelta alrededor del establo, mirando debajo de las bonigas de vaca.
– ?Buscas setas? -Asintio-. ?Has encontrado alguna? -Asintio de nuevo-. ?Te las has comido? -Me miro de hito en hito, con los ojos muy abiertos, iluminados por la escasa luz del atardecer, y el rostro inexpresivo-. ?Por Dios, Deb, es una locura!
Me dio un suave punetazo en el brazo y sonrio jovial.
– Te he asustado, ?eh? -Metio la mano en uno de los bolsillos del vestido y saco un sucio punado de escualidas setas grisaceas-. De momento me he limitado a guardarlas, por si las cosas se ponen realmente insoportables.
Se las volvio a guardar en el bolsillo y del otro saco un paquete de cigarrillos. Cuando podia encontrarla, fumaba una repugnante marca coreana sin filtro llamada Chan Mei Chong, que costaba el doble que un paquete de cigarrillos americanos y olia a piel de cerdo chamuscada.
– Cuando ayer vi a Emily -encendio el cigarrillo sin apartar su intensa y bizca mirada de la llama-, supe que tenia alguna cosa que contarme. Ya sabes que en esos casos toda su cara parece replegarse alrededor de su nariz.
– Aja.
– Pense que iba a decirme que estaba embarazada.
– ?Que curioso! -dije, con un tono ligeramente apagado.
– ?Que es curioso?
– Nada.
– Dimelo.
Llegados a este punto, debo decir que no confiaba en absoluto en Deborah y no tenia ninguna razon para pensar que ella confiase en mi. Siempre que estabamos juntos a solas, como entonces, notaba que ambos nos sentiamos incomodos -nos dabamos abundantes punetazos, nos insultabamos y nos balanceabamos ahora sobre un pie, ahora sobre el otro, contemplando como el humo salia de nuestras bocas-, debido a motivos de indole en parte sexual y en parte social, pero que mayormente tenian que ver con nuestro conocimiento de los mas intimos secretos del otro, a pesar de no haberlos compartido jamas. En otras palabras, era mi cunada.
– La mujer en cuestion -dije al cabo de un rato, con un hondo suspiro-, esa de la que nunca le has dicho nada a Emily…
Fruncio los labios y expulso una gran bocanada de humo en direccion a Pittsburgh.
– La rectora.
– Esta embarazada.
– ?Joder! ?Y Emily lo sabe?
– Todavia no -dije-. Yo mismo acabo de enterarme. Digamos que es la razon por la que he venido.
– ?Que? ?Piensas anunciarlo durante la cena?
– Lo pensare.
Meneo la cabeza, me miro un instante y aparto la vista. Se quito una brizna de tabaco del labio inferior.
– Tu amante esta casada, ?no es asi?
Asenti y dije:
– Con el director de mi departamento. O sea, digamos que con mi jefe.
– ?Y va a tener la criatura?
– No, creo que no. Espero que no.
– Entonces no le digas nada a Emily.
– Tengo que hacerlo.
– No, no tienes por que. Al menos, no esta noche. Joder, Doc!, ?que prisa tienes? Espera un poco. A ver que pasa, ?no? ?Por que tienes que contarselo si al final ni siquiera va a haber un bebe por medio? Le vas a hacer mucho dano.
Estaba impresionado. Aunque sabia que ella y Emily tenian una muy buena relacion, era extrano verla mostrarse tan abiertamente preocupada por su hermana. En parte porque, por mas que hubiera aterrizado en medio de la familia Warshaw, Deborah nunca dejo de considerar en su fuero interno que eran un grupo de extranos y que, por muy buenas intenciones que tuvieran, no estaban a su altura; no eran mas que una tripulacion de rudos pescadores que habia rescatado a la unica superviviente de una familia imperial cuyo yate habia naufragado. Ella, claro. Poso suavemente su mano sobre mi brazo y me pregunte si no tendria algo de razon. ?Por que herir los sentimientos de Emily mas de lo que ya lo habia hecho? Entonces me recorde a mi mismo que me encantaba escuchar argumentos a favor de soluciones que me evitasen un mal trago, y menee la cabeza.
