– Asi que ahora se dedica a torear coches en el aparcamiento del Hi-Hat -continuo James-. Te toca servir.
– El viejo Hi-Hat -recordo Philly, e hizo el primer saque. La bola paso por encima de la red y se paseo por el borde del vaso de James. No cayo dentro por los pelos. Philly Warshaw era una fiera jugando al ping-pong cervecero-. Once-cero. ?Todavia vais?
– Alguna que otra vez.
De pronto, me senti un poco intranquilo. Al recordar el incidente de la noche pasada con Vernon en el Hi-Hat, algo me preocupo. ?Por que habia asegurado que el coche era suyo, habia dicho correctamente la matricula y habia definido como verde esmeralda lo que yo siempre habia considerado un espantoso verde culo de mosca? Reflexionando, llegue a la conclusion de que muy bien podia haber sido suyo; Happy Blackmore pretendia haberlo ganado en una partida de poquer, pero la explicacion siempre me parecio algo inverosimil, dada la magnitud cosmica de la mala racha en la que estaba sumido Happy. Espere durante una semana a que me trajese la documentacion del vehiculo, pero entonces me entere por un colega suyo del
– Si, sigue ahi.
– El tio tiene unos biceps de cincuenta centimetros -dijo-. Una vez se los medi.
– ?Clement te permitio medirle los biceps?
Philly se encogio de hombros y dijo:
– Le gane una apuesta. -Me dirigio una rapida mirada y le lanzo otra bola a James-. Bueno, Grady, he oido…, doce-cero…, he oido que nos has traido un perejil muy especial para la celebracion de la pascua esta noche.
– Aja -dije, y mire a James, que se habia sonrojado. Supuse que se habia sentido adulado por las atenciones de Philly y, antes de que apareciese yo, habia estado alardeando ante el de lo mucho que le enrollaban las drogas-. Tengo un poco en el coche.
– ?Y?
– ?Y que? -pregunte, cruzandome de brazos.
Philly sonrio y simulo un grito de alarma cuando James consiguio meter la bola en su vaso de cerveza. Levanto el vaso y movio las cejas con un gesto de complicidad dirigido a mi.
– Oh, vale, de acuerdo -dije, fingiendo, como buen porrata, una despreocupada indiferencia ante la perspectiva de colocarme-. Si te apetece…
Me moria de ganas de fumarme un buen canuto. Me puse en pie y me encamine hacia la puerta del sotano. Philly tiro estruendosamente su pala sobre la mesa.
– ?No seguimos jugando? -pregunto James, afligido.
– Tengo que echar una meadita -dijo Philly, y se dirigio hacia las escaleras-. Nos encontraremos fuera.
– Acompaname, James -le dije.
Abri la chirriante puerta del sotano y subi por las escaleras, llenas de telaranas. Antes de que llegase arriba, James tiro del dobladillo de mis pantalones.
– ?Grady! -dijo-. ?Grady, mira!
Baje de nuevo al sotano. James me sonrio y me condujo, tirandome de la manga, hasta una amplia y maloliente estructura construida a base de madera de embalaje y tela metalica que ocupaba la esquina opuesta del sotano. Senalo con el dedo y anuncio:
– ?Una serpiente!
En el interior de la gran jaula habia un tronco de olmo muerto, del cual colgaba un largo y perfecto musculo adornado con unos elegantes pliegues, semejante a una serpentina. Era Grossman, la boa constrictora de tres metros que, para su pesar, llevaba veinte anos conviviendo con los Warshaw. Philly la habia ganado en una sala de billar de la avenida Liberty durante su ultimo ano en el instituto Allderdice, y al otono siguiente, cuando se alisto, la dejo al cuidado de sus padres. En aquella epoca Grossman ya no era un ejemplar joven, y su muerte inminente habia sido profetizada por los veterinarios y ansiosamente esperada por Irene Warshaw desde el ya lejano dia en que Philly les prometio que pronto se haria cargo de ella. Pero Grossman seguia viva en su jaula climatizada, de la que se escapaba regularmente mediante las mas diversas estratagemas para atormentar al andrajoso tropel de pollos de Irene y depositar escultoricas e increiblemente apestosas defecaciones por toda la casa, en lugares escogidos con indudable gusto estetico.
Le di a James una palmada en la espalda y le dije:
– Es una serpiente, en efecto.
James se arrodillo, deslizo un dedo a traves de un agujero hexagonal de la tela metalica e hizo sonidos de besos.
– Creo que le gusto -comento James.
– Seguro -le confirme. Trate de recordar si alguna vez habia visto moverse a Grossman-. Estoy convencido.
James me siguio escaleras arriba, salimos del sotano y dimos la vuelta a la casa para llegar a mi coche, mientras nos desenganchabamos los trozos de tela de arana que se nos habian pegado en las cejas y labios. Estaba cayendo la noche. Un fular como de cachemira de nubes purpuras iluminadas por una ya debil luz solar se movia lentamente a traves de Ohio hacia el oeste. Se notaba mucha humedad y la hierba rechinaba bajo nuestros zapatos. Olia a estiercol de caballo y a cebollas fritas en grasa de pollo. Una de las vacas que estaban junto al establo hizo un lugubre comentario sobre la pesada carga que supone la vida. Cuando ya casi habiamos llegado junto al Galaxie, para mi sorpresa, James lanzo un grito de corsario y acelero el paso en los ultimos tres metros. Apoyo las manos sobre la portezuela y dio un salto como para lanzarse en el asiento delantero del descapotable. Daba la impresion de que se habia elevado suficientemente y la trayectoria parecia la correcta, pero en el ultimo momento se refreno e hizo un aterrizaje de emergencia sobre la hierba. Se volvio, con una expresion muy seria, y me dijo:
– Me lo estoy pasando estupendamente, profesor Tripp.
– Me alegro -le asegure, y alargue el brazo para abrir la guantera. Saque la bolsita y el papel de fumar y empece a liar un canuto encima de una zona intacta del abollado capo.
– Son encantadores -continuo James-. Y ese Phil es un fenomeno.
– Lo se -dije, sonriendo.
– Aunque no parece muy despierto.
– No -dije-. Pero es fenomenal.
– Me hubiera gustado tener un hermano como el -comento James, en tono melancolico.
– Juega bien tus cartas y tal vez lo consigas -le dije-. Yo diria que la politica de esta casa es de puertas abiertas.
– Grady, tu no tienes, digamos, mas familia que esta, ?no?
– No, lo cierto es que no. Aparte de un par de tias en mi ciudad natal a las que no veo desde hace siglos. - Acabe de arreglar las puntas y las aprete-. Y supongo que de los Wonder. ?Malditos sean!
– ?Los Wonder?
– Los hermanos de mi novela. Es como si fuesen mis hermanos. -Sorbi por la nariz-. Supongo que eso es mejor que nada.
– Eh, ?sabes una cosa? ?Yo estoy en la misma situacion! -Se llevo el dorso de la mano a la frente e hizo un gesto melodramatico-. ?Los dos somos huerfanos! -grito.
Me rei y le dije:
– Estas borracho.
– Tu tienes suerte -comento, y miro hacia la casa.
– ?Tu crees?
Pase la punta de la lengua por el papel de fumar.
Los ojos de James se toparon con los mios y, para mi sorpresa, descubri en ellos un indicio de lastima.
– Grady, ?recuerdas a ese tipo que ayer por la noche estuvo hablando de, bueno, ya sabes, de que tenia un doble? Un doble que se dedica a arruinarle la vida, y que eso le da mucho material sobre el que escribir. -Mientras hablaba, tenia la mirada fija en la huella de las dos nalgas estampadas en el capo del coche-. ?Crees que solo eran paridas?
– No -respondi-. No lo creo, ni mucho menos.
